REGRESIONES

Una y otra vez, vuelvo al fatídico día en que ingresé en el hospital…
Mi cuerpo sangraba, mi alma se encontraba manteniendo el equilibrio sobre una delgada línea entre la esperanza y la agonía.
Había visto salir el tapón mucoso, había tenido “rayos de vientre”, pero…¿cómo no pude verlo venir?
Bolsa prolapsada en la vagina en forma de reloj de arena: mi pequeña de 22 semanas latía fuerte y sana en la ecografía, y yo no alcanzaba a comprender la magnitud de los hechos.
Horas más tarde, las pruebas de orina y sangre no daban muestras de infección alguna, pero nadie vino a decírmelo, ni a explorarme ni a hacerme otra ecografía ni nada. Me enteré de casualidad hablando con una matrona…y hasta la mañana siguiente a las 8 no se reunía el equipo médico para determinar qué hacer…cosa que me rehúso a comprender. Pienso que podían haberme hecho una amniocentesis para buscar muestras de infección y a la vez vaciar un poco la bolsa para intentar meterla dentro…luchar un poco por salvar a mi hija y por intentar comprender qué es lo que estaba ocurriendo. Quizás el sangrado activo se debía al desprendimiento placentario y no tenía reversión, pero no tengo ni una sola explicación de todo aquello. Me sentí sola y desamparada, confusa…

Mi objetivo era aguantar tumbada en esa cama hasta retener a ni hija conmigo para poder intentar salvarla en una incubadora. Cuando comenzaron las contracciones, mi esperanza era que me medicasen para formar sus órganos y me frenasen el proceso de parto un tiempo, y por eso llamaba a los matrones cada vez que notaba algo, pero lo más que alcancé a tener fue un monitor portátil que no me detectaba las contracciones (y yo sé q las tenía cada 5 minutos y que eran iguales que las de mi hija mayor).
La única explicación la obtuve de mi ginecólogo de confianza, que tuvo la bondad de venir a verme a la habitación y me dijo que cuando un parto se desencadenaba tan pronto y sin previo aviso se debía a una infección en la que el cuerpo se protegía deshaciéndose del bebé.
4 meses después, he acudido a la consulta privada de ese ginecólogo para asegurar mi nuevo embarazo y he aprovechado para volver a hacerle la pregunta, encontrando la misma respuesta: corioamnionitis seguramente por las características de todo el proceso.
No me vale. No quiero. NECESITO la CERTEZA: ¿qué le pasó a mi cuerpo? ¿Qué le ocurrió a mi chiquitina? ¿Por qué no se hicieron más pruebas? ¿Cómo tenían esa certeza sin hacer nada más?¿Se podía hacer algo?
Como en el Evangelio de Juan 8:31-38: “La verdad os hará libres”.
Yo no busco pelear contra nadie, ni enfadarme, ni rescatar a mi hija del pasado porque lamentablemente no se puede: lo único que pretendo es llenar esos huecos en blanco de mi pasado para poder asimilar la historia al pie de la letra y evitar estas constantes regresiones que me atormentan, porque al no tener la certeza, mi mente vaga constantemente formulando hipótesis de las que nunca tendré la seguridad, y siento vértigo debido a ello.
Conocer toda la historia me permitiría asumirla y pasar página para continuar con otra nueva aventura. Me daría calma frente a situaciones parecidas, y me permitiría sentirme parte de ese proceso, en lugar de sentirme sola, olvidada e incomprendida.
El no tener esa respuesta me enfada porque me hace pensar que se olvidaron de mí, de nosotras, que dieron la batalla por perdida sin tomarse ninguna molestia, y eso me apena y me decepciona profundamente.
Nunca podré pasar página porque nadie quiere profundizar en el dolor y todos me repiten: deja el pasado. Lo que duele del pretérito es la incertidumbre, y no puedo abandonarla porque no tengo nada a lo que aferrarme para ello. Busco una liana en esa selva enmarañada para saltar a través del claro a otros árboles. Suplico a voz en grito con perseverancia que me ayuden a terminar con esta agonía, con algo tan simple como contar la verdad, dar la respuesta.
Mientras tanto, otra vida se gesta en mi interior, y me aterra volver a pasar por lo mismo…no quiero ilusionarme con el futuro porque cualquier cosa que ocurra, se tapará con silencio o con un “pudo ser que”.
Mamá de Lara

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