20/08/2020
Mi querido Mateo,
Hace casi 4 meses que papá y yo tuvimos que despedirnos de ti, el peor y a la vez el mejor día de mi
vida.
Llevamos más de 4 años intentado ser papás, siempre pensé que sería mucho más fácil y que con solo
empezar a intentarlo me quedaría embarazada en seguida. Después de muchos meses y demasiados
test negativos papá y yo decidimos acudir a un especialista y cual fue nuestra sorpresa, nos derivó a
una clínica de fertilidad. En ese momento me sentí perdida, triste, no podía creer lo que me estaba
pasando.
A pesar de todo teníamos claro que deseábamos ser padres y que debíamos intentarlo por lo que
acudimos a la clínica que nos había recomendado (Embryocenter).
Nos realizaron muchas pruebas y estábamos muy contentos ya que todos los resultados eran buenos
y los ginecólogos eran muy positivos.
Comenzamos el primer tratamiento de IA con la mala suerte de que había un gran riesgo de embarazo
múltiple y los ginecólogos decidieron que lo mejor era interrumpir el tratamiento . No pasa nada
dijimos, es el primero intento, tenemos que seguir…
Realizamos un segundo intento, estamos muy ilusionados y muy muy positivos, pero, aunque
papá y yo hicimos todo lo posible, el resultado fue negativo.
“No pasa nada, tenemos que seguir intentándolo”
Pasado un tiempo prudencial empezamos un tercer tratamiento de IA con las mismas ganas
y deseo, pero tampoco pudo ser, a los pocos días de empezar con los pinchazos me empecé
a encontrar muy mal, con dolores de cabeza horribles y varias visitas a urgencias. Otra vez
había que cancelar tratamiento, a mamá las hormonas no le estaban sentando bien.
Querido Mateo, en ese momento mamá necesitaba un descanso físico y emocional por lo que
decidí que debía darme un tiempo y volver en tu búsqueda un poco más adelante.
En ese tiempo papá y yo disfrutamos mucho el uno del otro, viajamos, salíamos a cenar juntos,
nos divertíamos mucho, pero yo no dejaba de pensar en mi sueño, necesitaba volver a
buscarte.
Después de casi medio años decidimos volver a la clínica y empezar de nuevo, esta vez más
fuertes, descansados y muy muy ilusionados.
Una vez en la clínica, nuestro ginecólogo Vicente, nos recomendó iniciar el tratamiento de
nuevo, esta vez FIV.
Teníamos claro que deseábamos hacerlo, pero renunciando a muchas otras cosas ya que
económicamente sería un gran desembolso y esfuerzo, papá y yo nos somos ricos cariño
Después de todo el tratamiento y una transferencia de 2 embriones llegó la BETA POSITIVA.
Papá y yo no nos lo podíamos creer, éramos los más felices del mundo, por fin lo habíamos
conseguido.
Pasaban los días y me moría por verte, cada ecografía era un regalo, todo está genial me
decían, tu bebé es un machote, tu bebé está creciendo genial y yo cada día más feliz y
orgullosa de la familia que estábamos creando y deseando que llegara el momento de vernos
y estar los 3 juntos.
Que ilusión, que alegría, cuanta felicidad, ya empezaba a notarte, podía sentir como
revoloteabas dentro de mí.
Con los días empecé a notar muchas molestias, dolores e incluso me constaba dormir, es
normal me decía, son dolores normales en el embarazo, pero yo pensaba que estaba de muy
poco tiempo aún para encontrarme tan mal, aun así hice caso a los médicos y no le dí
importancia, todo era normal.
Llegó la ecografía de las 20 sdg, estaba deseando verte, me regalaste la mejor ecografía de
todas, a pesar del poco tiempo del que estaba tu carita se veía perfectamente, te movías
muchísimo y habías crecido mucho desde la eco anterior. Aunque yo estaba enormemente
feliz por verte, noté en el rostro de la ginecóloga que algo no iba bien del todo. Más de 40
min de consulta mirándote, tomando medidas de todo, muy pendiente de todo lo que hacías,
me pareció algo relativamente normal ya que era una eco importante. Le comenté que llevaba
varios días expulsando más flujo de la cuenta, pero no le dio mucha importancia. Nos
sentamos en la mesa y la ginecóloga me explicó que estabas genial, un poco más grande de
lo normal, pero nada grave, lo único que le preocupaba es que había demasiado líquido
amniótico y eso no era tan bueno. La doctora decidió que debía hacerme la prueba de la
azúcar larga (3 horas) para descartar una posible diabetes gestacional, por lo que allí
estábamos papá y yo al día siguiente para hacerme la prueba. Iba super preparada, un libro,
revistas y varios juegos en el móvil para que esas 3 horas fueran un poco más amenas ya que
no podía moverme de la silla en todo ese tiempo.
Una vez terminada la prueba fui al baño y al terminar vi que había expulsado más flujo que las
veces anteriores y más oscuro, por lo que papá y yo decidimos pasar por urgencias (en el
mismo hospital donde me hice a prueba del azúcar) y que me revisaran, ya que esta vez era
mayor cantidad y bastante más oscuro.
Entré en la consulta sola, serían las 13.00 del medio día (a papá no lo dejaron entrar ya que
estábamos en estado de alarma y tenía que entrar sola) y veo que hay dos ginecólogas, que
suerte pensé, una para hacer la ecografía y otra para anotarlo todo, pero de suerte nada. Tal
y como me monto en el potro la ginecóloga me dice “¿SE PUEDE SABER QUE HACES TU AQUÍ?
¿NO SABES QUE ESTAMOS EN ESTADO DE ALARMA Y QUE NO SE PUEDE ACUDIR A LOS
HOSPITALES SI NO ES POR ALGO REALMENTE URGENTE?” A lo que yo contesté que llevaba
desde las 9 de la mañana en el hospital y que antes de irme a casa (vivimos en un pueblo y el
hospital privado al que acudí está en Sevilla) he visto que estaba expulsando mucho flujo y
que estaba asustada, a lo que me contestó de muy malas maneras “MÁS QUISIERA YO PODER
ESTAR EN MI CASA CON MIS HIJAS Y NO ESTAR AQUÍ EXPUESTA PARA ESTAS CONSULTAS”
No pude contestar, me sentía fatal, solo quería que acabara pronto y marcharme a casa.
Cuando empezó la exploración no me decía nada, incluso aparto la pantalla para que no
pudiera verte, lo siento cariño debería haber insistido para verte, ya que sería la última
ecografía que vería. Sentía que me estaba castigando por acudir a urgencias. Terminó la
exploración y se marchó sin decirme nada, al bajar del p otro y limpiarme expulsé mucho más
flujo y se lo enseñé a la otra ginecóloga que se quedó en la consulta y me dijo que era normal,
ahí comencé a llorar, le dije que no entendía el motivo por el que su compañera me riñó tanto,
yo solo estaba asustada y sentía que algo no iba bien, me dijo que no le hiciera caso, que ella
era así. Me marché a casa con una receta de progesterona y con el mismo miedo con el que
entré en la consulta. Una vez en casa comencé a tener dolores más fuertes, no podía casi
moverme, pero como decían que eran dolores normales no le di importancia y me aguanté.
Mi vida, esa noche mamá no te dio las buenas noches ni te acaricié como hacía todos los días,
pero tenía mucho dolor y me fui pronto a la cama deseando que estuvieras bien, necesitaba
descansar, pensé que quizás las molestias era del tiempo que estuve de pie en el hospital.
Después de toda la noche dando vueltas en la cama, orinando cada vez más y con unos dolores
cada vez más intenso el cansancio me pudo y me quedé dormida. Creo que no pasarían más
de 40 min cuando me desperté con la sensación de haberme hecho pis encima, fui corriendo
al baño y todos mis temores se hicieron realidad, había expulsado el tapón y había roto la
bolsa. Aun así no dejaba de pensar en la ginecóloga que me atendió horas antes y en que
debía llamar al hospital antes de acudir por si esto no era lo que yo pensaba (que tonta fui).
Mi amor era las 4.30 de la madrugada y allí íbamos papá y yo en pleno estado de alarma, las
carreteras vacías, dirección al hospital deseando que todo fuera una pesadilla y que nos
mandaran a casa de nuevo a los 3 juntos.
Al llegar a la consulta nos confirmaron que la bolsa estaba rota y que tú, mi querido Mateo,
llegarías al mudo en las próximas horas. Después de muchas pruebas nos trasladaron al
hospital Virgen del Rocío, pero allí tampoco podía hacer nada por nosotras cariño, estábamos
predestinados a conocernos y despedirnos el mismo día, demasiado pronto mi amor.
Tuvimos una suerte inmensa con las matronas que nos atendieron, una pena no haber podido
verles las caras por las dichosas mascarillas, fueron increíbles y nos explicaron a papá y a mí
todo lo que iba a pasar, si no llega a ser por ellas nunca te hubiéramos tenido en nuestros
brazos.
Nos dejaron estar juntos a los tres en todo momento, incluso dejaron que tu tía Ana entrara
con nosotros a la habitación (ella estaba allí porque los primos también tenían muchas ganas
de llegar al mundo y conocer a sus mamis).
Llegó el momento de la epidural, sentía como te movías y yo no podía dejar de llorar, no era
nuestro momento, todavía quedaban muchas semanas para que tu cuerpecito estuviera
formado por completo y pudieras sobrevivir fuera de mí, pero no pudo ser, tenías muchas
ganas de conocernos mi amor. La epidural no hizo efecto y no había tiempo para ponerla otra
vez, la matrona nos preguntó si queríamos verte y papá y yo no lo dudamos ni un momento,
“SI” dijimos. Como he dicho al principio el peor y a la vez el mejor momento de mi vida. Las
matronas me dejaron mi tiempo para traerte al mundo y lo hice yo sola cariño, cuando escuché
tu llanto me enamoré por completo de ti, dejaste de llorar en cuanto te pusieron en mis brazos,
en mi pecho, me agarraste mi dedo con tu pequeña manita y al mirarte me sentí la mujer más
afortunada del mundo, que bonito eres mi pequeño Mateo.
Papá y yo pudimos disfrutar de ti poco más de media hora hasta que te quedaste dormidito
para siempre en mis brazos y te llevaron.
Gracias mi vida, me has dado lo más grande en muy poco tiempo, el suficiente para cambiarme
la vida, para conocer el amor incondicional de una madre hacia su hijo, has sido y eres lo mejor
que me ha pasado en la vida.
Gracias a ti he tenido la suerte de conocer a personas maravillosas que me han ayudado
mucho, la asociación Matrioskas que me salvaron la vida cuando pensaba que ya lo había
perdido todo y a la increíble Sara Puig, gracias a ella tengo un recuerdo precioso tuyo.
Gracias mi querido Mateo por las 22 semanas y 2 días que me has regalado y por elegirme
para ser tu mamá, algún día nos volveremos a ver y te daré todos los besos y abrazos que no
te he podido dar.
Te quiere con toda el alma
Mamá!

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