El día 29 de diciembre se cumplirán dos años desde que mi hija Carla nació sin vida. Son fechas duras, siempre lo serán, no sólo por las emociones que despiertan las navidades, la añoranza por los que no están, esa foto con disfraz de Papá Noel que nunca le podré hacer…sino porque a esto se le suma el aniversario de su nacimiento.
Actualmente siento que he transitado un duelo sano, me he permitido llorar hasta la saciedad, culparme y perdonarme, enfadarme y aceptar, agradecer por lo vivido y por lo aprendido, transformar el dolor y la tristeza en amor infinito que despertó mi hija y que necesito proyectar hacia los demás. Ese es su legado y no tendré vida suficiente para agradecérselo.
Este camino no hubiera podido recorrerlo si no hubiera sido de la mano de mi compañero de vida, sosteniéndonos el uno al otro para seguir hacia delante. Mi familia y amigos, otro pilar fundamental, su empatía, su hombro para llorar y sus oídos para escuchar…tan necesarios. GRACIAS A TODOS.
Matrioskas me ha permitido materializar el amor que me dejó mi hija (¡menudo regalo!) aportando mi granito de arena para servir de apoyo, sostén, muleta, hombro y oído a todas las familias que vengan detrás y lo necesiten.
Una vez escuché que ayudar, ayuda y es muy cierto, formar parte de esta gran familia ayuda a sanar, por eso Gracias, millones de gracias al equipo Matrioskas, a todas las mamás y papás que forman parte de él.
Para terminar, me despido con un mensaje de luz en estos días tristes para algunos: nuestros hijos están, siempre estarán, en nosotros, en el sol, en el arco iris, en las mariposas, en las estrellas, en la luna, en cada paso que déis, ESTÁN.

Macarena Beltrán Colmenero

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